Entre mates y charlas de arte y de la vida, fui sin saberlo miembro unilateral de una conversación acerca del miedo al error, o más bien, a que le recalquen el error. "Mirá, que boludo, se equivocó." Profundo silencio ante la más temida frase. Los conversantes habían llegado, aunque quizás alguno demasiado a regañadientes, a la conclusión de que del error uno aprende. A pesar de todo esto, el terror no estaba en equivocarse sino en que lo percivieran. Principalmente ante la expectativa de que al suceder esto, serían abuchados y condenados públicamente, cuasi juicio medieval de por medio -con hoguera y todo. No me llamó tanto la atención que mis co-participantes cargaran la presión de la opinión de los demás, del qué dirán, sino como me sorprendió el hecho de dar por sentado que la mayoría a su alrededor, no solo los juzgaría, sino también se burlaría y condenaría por ello.
Ante esto se hizo presente una anécdota en la cual la autora se había equivocado -en nada más ni nada menos que en el diseño de la alta costura de un traje de novia- y de esto había aprendido, never the less pasando desapercibida su falla. Historia que me hizo analizar: el sentido está en aprender sin que se percaten del error, o está en el que se descubra el conocimiento adquirido ignorando el error del cual uno aprendió.
Mientras que vivimos en una sociedad que premia y parodia al mismo tiempo al error banal, absurdo y vulgar, tendríamos que estar orgullosos, los pocos parias que existen escondidos en las alcantarillas, quienes del error -producto de diversos procesos intelectuales y artísticos- sacan provecho y aprenden propiamente de él.
Es el error quien nos lleva de la mano hacia adelante. Es el error lo que nos motiva a progresar y mejorar. Es el error el que nos lo permite.
En una época de barbarie donde lo que únicamente importa es el primer puesto y no cómo llegamos o quienes somos los que ocupan los insignificantes números, estemos orgullosos de nuestros errores.
¡Oh maravilloso es el error! Cuan monótona y patética sería la vida sin el el lujo de poder equivocarse y aprender de ello. Que seres fríos y grises seríamos absolutamente todos. Es que sin el error no existirían hoy todas las grandes obras que deleitan y acompañan nuestro paladar artístico.
A través de los errores Miguel Ángel se equivocó y superó para así lograr cada pliegue y curva de La Piedad. Y qué hubiera escrito Nietzsche si no hubiera error en el mundo. De qué hubiera reflexionado Platón si todos fuéramos perfectos. Qué hubiera analizado el doctorcito Freud si el hombre no se equivocase.
El hombre está plagado de errores, eso es lo que nos hace imperfectos. El hombre está capacitado para aprender de ellos, eso es lo que nos hace humanos.





