jueves, 7 de agosto de 2008

La chica del nombre francés.


Todo comenzó una noche, era diciembre a la madrugada y hacía calor. Estaba el cielo estrellado y era ideal para salir con unos amigos. Apenas ella entró, nos miró a todos de arriba abajo, sutil y rápidamente, pero desde el primer momento, ella me clavó su penetrante mirada. Se acercó, y supe en ese instante que se moría de ganas por mí. Hablamos un rato, nos conocimos, reímos y nos relacionamos con más confianza. Pero ella y yo veníamos de mundos diferentes.
Ninguno de los dos sabíamos como iba a terminar aquello, pero yo intuía que ella esperaba lo mejor de mí. Cuando ella me invitó a pasar todo cambió.
Jacqueline me dijo que se llamaba. Yo era joven y era mi primera vez, y ella me hablaba de cosas nuevas y tenía un nombre francés. Cuando pensaba que todo iba a suceder, ella me observó en el más intenso de los silencios, y cada instante se me hizo eterno. Luego, de la misma forma que me miró, se me acercó. Y antes de que me diera cuenta, ella estaba unida a mí. Yo sentía su calor, éramos un único cuerpo. Sus movimientos eran precisos y exactos, ella sabía lo que hacía.
Sentí cosas que nunca pensé que iba a poder sentir, texturas y formas que me sumergían en un mundo mágico; lleno de sensaciones, sentimientos y pasiones. Estuvo toda la noche despierta y concentrada, como si nada allá afuera existiera. Éramos solo ella y yo en nuestro universo imaginario.
Cuando terminó, supuse que sería el fin, pero no fue así. Nos volvimos a encontrar, al principio solo los fines de semana, después todas las noches. Con el tiempo llegue a creer que lo nuestro sería para siempre. Pasábamos horas y horas unidos, desde que caía el sol hasta el amanecer. Cada encuentro era mas intenso que el anterior, con mas pasión y determinación. Estábamos hechos el uno para el otro. Yo era una extensión de su cuerpo. Cuando estábamos juntos todo se llenaba de luces y sombras. La habitación explotaba de colores tan intensos que iban mas allá de nuestras almas.
Estuvimos juntos solo semanas, pero parecía que nos conocíamos de toda la vida. Hasta que todo acabó. Un silencio profundo y agobiante invadió la habitación, y ella supo que no había mas nada que hacer. El trabajo estaba completo. Una sinfonía cromática de perfecta armonía se desnudó ante sus ojos, y en alguna parte de su ser Jacqueline sabía que ella sola lo había creado. Me trató suavemente, pero me dejó a un costado. Me quedé solo y mojado, con una vaga promesa de futuros encuentros, porque sabía que yo no podía ser el único en su vida.
Ella ya no me necesitaba, y yo no era nada sin ella. Después de todo, ¿qué es el pincel sin la artista?
Quiero aclarar que este fue un ejercicio en que había que escribir una historia contada en primera persona por un objeto, consigna para la cual solo al final uno se diese cuenta de que era un objeto y qué objeto era.

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